Bienvenida

Dios a la creación como el lenguaje al hombre.
El lenguaje ha hecho trascender al ser humano; por ello se han perpetrado siglos de historia, tradición y conocimiento. De la misma manera que la constante duda sigue el mundo, la constante búsqueda guía las acciones. La evocación por nuestro origen y destino es la forma menos elemental de vivir, pero la más heróica.

La palabra desvela, también oculta. La palabra es verdad y mentira. Crea y destruye. En el sentido creativo la considero como el rito religioso que bautiza las cosas y sus sombras, es una suerte de mundo independiente y autónomo a la realidad que nos permite conocerla, aunque se sirve de ella; en el caso segundo está la poesía, la cual destruye aquello que el lenguaje ya había descubierto y nombrado, o al menos descrito, a saber, el mundo inmediato de la realidad.

Mi mundo poético no es el de las cosas y los sentidos, sino lo que el lenguaje deconstruye con el decir.

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Cuentos para Octavio

El Jardín del cisne



Querido amigo, el cuento que a continuación te voy a narrar está más allá de toda magia o hechicería, te lo digo, es algo natural.
Cerca del jardín de la casa, hace tiempo, se hizo construir una pileta; mis hermanas y mi madre a diario la ocupaban, por tanto, era muy normal que esa zona y en sus alrededores estuviera húmeda o encharcada. Sólo de vez en vez me acercaba al lugar, para acariciar a mi perro o contemplar los girasoles que me robaban la atención desde hacía tiempo.
Cierta ocasión, por alguna causa, que hasta la fecha no logro descubrir, dirigí mis ojos a un charco que se había formado a un costado del bebedero. Cuando me di cuenta de lo raro que parecía, el sobresalto me hizo dudar si, efectivamente, era o no agua. Su aspecto era bastante luminoso, lo suficientemente profundo para considerarlo un pozo para las aves; sin embargo, se distinguían cada una de las gotas por las cuales se formaba el espejo diamantino. Se había dibujado una figura. Parecía un ojo de cristal. El agua estancada poseía cierto carácter de vida, como si un espejo acuático fuera lo que dividiera mi mundo y otro. Ello me causo estupor. Me detuve. En la casa no había nadie, aun así, volteé a mi alrededor, para cuidarme de que nadie más supiera del tesoro que yo suponía haber encontrado. Di dos o tres pasos para acercarme más, y al punto sentí una energía que me arrebataba; mi sorpresa fue la duda. Para asegurarme fue preciso tocar el pequeño lago. Así lo hice con la punta de mis dedos. Mi cuerpo se humedeció, pero no era agua; el pequeño océano empezó a evaporarse, sin que hirviera en humaradas; al final quedó sola una diminuta gota de luz. Al instante mismo las flores se hicieron mariposas, copularon entre ellas, el arco iris resbaló en el césped, se escuchaba un papel de música, los colores cantaron en las gargantas de las aves, los girasoles se transformaron en bailarinas de fuego y cada cosa tomó las cenizas de su origen.
No sé si crucé la luz o el punto luminoso me atravesó. Ya no estaba en el mundo. No había cielo, y muchos de los seres de allá eran parecidos a nosotros, sólo que del color de las perlas. Los árboles tenían las raíces creciendo fuera de la tierra, las flores estallaban y eran de un sólo color, hechas de agua, había chopos de luz azul brotando como fuentes, crisálidas transparentes, un sol que siempre se movía, al cual jamás le vi parpadear. Las copas de los árboles tenían una estrella blanca, que emitía un resplandor rosado. No había hombres, y lo sé, porque las mujeres de aquel encantado mundo iban desnudas. Todo allá era un bello jardín, un vergel perla. Llamó mi atención que las mujeres hacían danza, se contorsionaban como sierpes, su cuerpo se ondulaba en un frenesí, daban saltos, gemían, hacían figuras en el aire con sus extremidades. Desconocía la naturaleza de aquellas visiones.
Con temor en las piernas me incorporé. No sabía lo que iba a ocurrir, cuando los seres femeninos de aquel valle se dieran cuenta de mi persona. A pesar de eso, tomé la resolución de darme a conocer, explicar a detalle el accidente que me había ocurrido; di algunos pasos, me fui de espaldas, lo intenté una y otra vez, y siempre chocaba contra una pared invisible, o quizá, un cristal bastante transparente. Repetí el peligro, pero no lograba ir más allá de tres o cuatro pasos. Al momento, cruzó por mi mente la idea de estar encerrado en la gota luminosa que había tocado con la punta de mis dedos. Me entró el pánico, y pese a todo, jamás sentí ahogarme.
Momento después, cerca de mi burbuja, había un grupo de mujeres aladas, sus risas emitían un canto somnoliento, y a la mitad de sus senos llevaban colgado un girasol que interminablemente giraba. Una de ellas se me acercó. Tenía frente amplia, dos golondrinas por cejas, su cuello era torneado, era tan pequeñita como el himno de un cisne.
-Cuando las plumas se cierran, la luz duerme por un momento-me dijo.
-¿Qué soy? ¿Quiénes son ustedes?
-Eres la visión de nuestro cisne, y lo que observas es su jardín. Somos el camuflaje y la sombra de sus alas.
-Soy cautivo de mi propio deseo.
-Estamos ocultos al mundo, aunque evites que no fuera posible.
-Estoy vivo. No soy fantasma que vaga de una vida a otra como un tren. Estoy vivo.
Su mano atravesó el cristal y cayó una lluvia que hizo de sus pupilas y mis pupilas enmaramasmos de brisa. Ella desapareció y cuando el cisne apagó sus alas como un ángel, la luz se cerró definitivamente.
Se abrieron mis cortinas.